lunes, 27 de febrero de 2012

Ultimas voluntades


No me agradezcais que os amara. Amar es fácil. Amar sale a veces solo, sin esfuerzo.


No me agradezcais que os odiara, a veces, odiar también es fácil. A veces fue inevitable.


No os culpeis de mi dolor. Nadie es culpable de dolores ajenos. Y a veces, son infinitas la ternura y belleza del dolor.


No os culpeis de mi felicidad. También fue mía, pese a todo, pese a todos.


Pero no trateis de atarme, porque soy viento y soy mar. Soy abeto y soy roca que permanece, roca golpeada por el mar. Con un corazón que alguna vez fue piedra, con un alma que supo soñar, con una mano que os asió con fuerza, con una voz que os susurró...


No es por nadie y es por todos. O quizás, quizás tan sólo por mí. Por mí, que fui alma desgarrada en vosotros, por mí que fui grito de libertad, y que en cada orgasmo grité vuestro nombre.


Por mí, que me perdí irremediablemente en la caricia de vuestras voces, voces que hacían de cada puta el más bello poema, voces que acariciaban dulces el amanecer.

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