jueves, 8 de marzo de 2012

Sed



Sed de viento, viento fuerte del norte, agitador y loco, urgente, limpio....

Recuerdos de mar, bravo y calmo. Y ser ola, que se acerca y se aleja, va y viene, que te empapa de sí misma y se va, dejándote a solas en la arena, y vuelve a ser siempre, eternamente.

Dulce vaivén que mece sueños en su espuma, y los estampa en la roca, firme y dura, para luego nuevamente acunarlos.

Mar...como ese amante engañoso, con el que nunca sabes qué pasará, cuando elevará tus sueños, cuando deseara estamparlos con violencia, erosionando la roca.

O ser la roca que recibe a ese mar? Alzarse altiva y peligrosa, trampa mortal a veces, soporte del alma otras tantas.

Sed de viento y arena. Miles de granos de arena cayendo entre los dedos....dedos mojados con sabor a sal, sabor a mar, a sueños a la deriva, y sentada en la arena, apoyada en la roca, con el cuerpo sabiendo a sal, mojado aún, mirar el horizonte, perder la mirada en el infinito....y no querer volver, querer no ser, querer tan sólo permanecer infinitamente así, sentir en los labios el sabor de saladas lágrimas de mar, y sonreir, y soñar....

Y entonces un desconocido se sienta a tu lado, posiblemente un marinero. Su curtido rostro surcado por finas arrugas, arrugas de sal y mar. Y te coge la mano, y no dice nada. Para qué hablar? Silencio.

Sólo está ahi y te coje la mano, y él sabe, y tú sabes y las miradas de los dos fijas en el horizonte, mientras su mano juega con tu mano, la aprieta con fuerza, la acaricia con dulzura...

Su mente está muy lejos, tan lejos como la tuya, y sientes muy dentro que él sonríe, lo intuyes porque no lo ves, no le miras, mirarle sería estropearlo, y sonríes con él.

El está navegando por lejanos mares que ya nunca volverá a ver. Ella navega también por el mar de los recuerdos.

El sol se va poniendo, y los dos siguen sentados, sin prisa por marchar, nada les espera, el tiempo no existe, no hay urgencias.

Están sus sueños, viento, arena y mar.

El enciende dos cigarrillos, y le ofrece uno a ella, y fuman en silencio, con sus manos aún juntas.

Y de pronto, él musita:

.- Sabes? Yo me iré a Terranova, como el abuelo del libro de Atxaga.
.- Yo aún seguiré navegando por los sueños .- responde ella, también sin mirarle, ambos perdidos en el humo.

Y los dos, dos perfectos desconocidos que se conocen mejor que nadie, siguen sentados apurando sus cigarrillos, mientras la noche cae sobre ellos, escuchando la suave melodía de las olas, unidas sus manos, y quién sabe!! ,,,,quizás unidos sus pensamientos.

1 comentario:

  1. Muy emotivo y lleno de emociones, transmites la intensidad de ese momento, de la Naturaleza penetrando por tus poros emocionales. Bravo!.

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