Mi mar

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Mi mar...

martes, 13 de marzo de 2012

Una más



Y ya son nueve.Que a lo mejor una debería estar ya acostumbrada, por eso...por qué esta mañana ha sido diferente? Varias veces a lo largo del día me he sorprendido a mí misma pensando eso, tratando de analizar, pero eso de analizar desde el raciocinio, no nos engañemos, nunca se me ha dado demasiado bien.

Así que trato de buscar una respuesta en el sentimiento, que eso se me da mejor. Cuando durante catorce años has "convivido" con algo, es tan familiar que no asusta. Asustó la primera vez, horas eternas y lágrimas eternas. Las siguientes, las mismas horas eternas y las misma lágrimas, pero de una manera diferente, sin miedos. Y hoy de pronto, sientes como si algo se hubiera removido dentro.

Siempre vemos a los niños como seres frágiles. Yo sé que son fuertes. La irresponsabilidad del desconocimiento, el ignorar consecuencias, el no entender...hace de ellos personitas fuertes. El no dar millones de vueltas a cosas que sus mentes no son capaces ni de imaginar ni de interpretar y el confiar en quien está a su lado, una confianza sin fisuras, les transmite parte de esa fuerza.

Pero con catorce años, un niño es ya un niño de catorce años, a quien explican causas, procedimientos y consecuencias o posibles consecuencias. Y ese niño, mira a la persona que tiene delante y plantea sus dudas, y dice alto y claro que no quiere que eso pase. Con cinco años le dices que nada de eso pasará, y te cree. Pero con catorce no puedes decir eso no va a pasar, NADA de eso sucederá.

Con catorce...sólo puedes decir: no tengamos miedo y confiemos en que nada va a pasar. Y ella coge tu mano y sabe que estarás.La confianza es la misma.

Y justo bajo tu firma, ella estampa la suya y un café al sol, hace que volvamos a sonreir.

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