jueves, 3 de mayo de 2012

Soy una perra...

….y me preguntaba ahora si tú entendías las diferencias entre perra y sumisa.

  Por supuesto todo esto de las definiciones hay que tomarlo con una cierta dosis de escepticismo y un mucho de humor, para rebajar el tono forzadamente escolástico que estas cosas suelen tomar. No importan demasiado las definiciones, que al fin y al cabo son la consecuencia del muy humano deseo de colocarlo todo en casilleros ordenados, sino las actitudes.

Como cualquier cosa, las diferencias se derivan de la definición que hagamos de una u otra forma de sumisión, porque eso son ambas en texto claro. Pero antes de ello, un breve paréntesis: puede ocurrir perfectamente que en una relación D/s, el Dominante la presente a ella como sumisa, siendo perra o al contrario. Incluso puede ocurrir perfectamente que una mujer se califique a sí misma como sumisa o perra, siendo precisamente lo otro. Todo ello, debido a más de una confusión en las definiciones.

Bien, no es fácil definirlo verbalmente mediante una frase corta, porque influyen muchos aspectos: es una cuestión de cómo se ve a sí misma ella, y como concibe y manifiesta su sumisión hacia una persona en concreto: puede haber, y las hay, una chica que se comporte como sumisa, y en cambio con alguien CONCRETO , descubra su espíritu de perra. Lo contrario es mucho más infrecuente y generalmente acaba rompiendo la relación. Incluso puede pasar que un Dominante desee-intencionadamente- tratar a una sumisa como perra, o lo contrario, bien circunstancialmente, bien de modo permanente.

Imaginemos que una sumisa – aceptando la definición diferenciadora de perra – trata de explicar por qué se somete a alguien. Hablará de que siente placer en la sumisión, en general, o a esa persona en especial, en ENTREGARSE a ella. La perra por el contrario hablará del placer de SER SOMETIDA, incluso con fuerza a veces, tomando por supuesto esta idea con su consecuente dosis de moderación.

 Por lo tanto el referente principal de una sumisa será siempre alguien, aquella persona a quien desee someterse. El referente de una perra es ella misma y su actitud.

Estamos en una sesión: la sumisa ha sido atada, sus muñeca y tobillos están unidos, en sus pezones se han colocados unas pinzas americanas, muy ajustadas, y su Amo la ha colocado boca abajo, su culo alzado y en pompa. Es azotada por su Amo, y cuando sus gemidos comienzan a subir de volumen, este separa sus nalgas, la penetra salvajemente e inicia un bambolea rápido y violento mientras sus dedos hurgan en su ano.

La sumisa esta a punto de correrse y en esa sensación influyen muchas cosas: su coño, macerado por el vaivén de la polla de su Amo, la indefensión de estar atada, la postura humillante, los dedos invadiendo sin recato su trasero, la sensación física producida por los latigazos recibidos……todo ello se junta en un único vértice, la sumisa arquea su cuerpo, pide permiso como muestra de obediencia, grita y se corre.

Y Ahora vamos a la perra….a ella también la atan, pero mientras es atada no se siente indefensa, se siente cómoda. Así debe ser, es una perra y las perras están atadas La colocan boca abajo y aprietan las pinzas de sus pezones de perra al limite. Naturalmente que siente el dolor, pero es justo que su Dueño desee saber cuanto pueden apretarse esos pezones. Recibe los azotes, el latigo cae sobre su espalda, sobre sus nalgas. Quema su contacto, ella se retuerce pero sabe que su Dueño tiene derecho a hacerlo. Y lo que la inunda de flujo en ese momento no es el efecto del látigo , ni tan siquiera el saberse sometida. Es el hecho de que su Dueño hace con ella lo que quiere y debe: tratarla como lo que es, una perra. Es su propio yo quien le suministra capacidad de convertir cada acción en erostismo puro. Cuando siente los dedos de El separar su esfínter y dilatarlo, gime silenciosamente, dolorida, pero busca instintivamente la postura que le facilite a El la penetración. Porque es una perra….y a las perras les gusta sentir la mano de su Dueño. Y cuando nota que el bombea con fuerza en el interior de su coño hay una sensación que se sobrepone al ímpetu sensual del roce y la penetración: el saberse usada. Podría haberse corrido ya hace mucho tiempo. Está mojada desde que su Dueño comenzó a atarla, pero necesita algo más aún. Necesita la mirada complaciente de su Dueño. Cuando le pide permiso para correrse no es por otorgarle a El ese poder, es porque una perra NECESITA la voz de su Dueño diciendole : “Perra, ahora, AHORA, vacía tu coño, ahora, menea el culo, y correte”.

Entonces….ella estallará.

Y siempre lo he dicho, y lo diré: no existe para mí mayor placer...que el placer de sentirme usada.


izeia, desde el recuerdo

5 comentarios:

  1. Comparto ese sentir de perra y la manera de explicar diferencias con sumisa, me identifico contigo en el goce de ser usadas que las perras tenemos y serlo de forma intensa por nuestra dominante; bonita descripción de sensaciones. :)

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  2. Interesante, nunca me había parado a pensar en esa sutil pero importante diferencia. Me gusta. Un saludo

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  3. Desde mi punto de vista la unica diferencia es en cuanto nivel de masoquismo entre una y otra, ademas no se toma en cuenta a la sumisa que gusta de ser pet en su modalidad de perra. Al final me parece que hay mas afinidades que diferencias quizas son solo ligeros matices los que se pueden diferenciar pero que Amo no le dice perra a su sumisa al menos cuando estan en sesion privada?, entonces la conclusion seria que las definiciones serian mas para el manejo personal segun los gustos de cada quien...

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  4. Creo que has explicado muy bien las diferencias. Gracias.
    Saludos

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  5. Hoy que tenía la cabeza un poco alborotada me ha resutado muy aclaratorio leerte. Gracias

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